• Críticas constantes que no construyen, solo erosionan. El trabajo siempre está mal, independientemente de lo que se haga.
  • Las ideas aparecen con el nombre de otra persona. El esfuerzo se invisibiliza o directamente se sabotea.
  • Vigilancia extrema, no como acompañamiento, sino como control.
  • Difusión de rumores con intención de dañar la reputación.
  • Manipulación de evaluaciones magnificando lo menor y obviando lo importante.
  • Exclusión en reuniones, decisiones, y en conversaciones informales.
  • Abuso verbal mediante gritos, comentarios hirientes, insultos que se disfrazan de bromas.
  • Asignación de tareas imposibles o tan ambiguas que el fracaso está garantizado, para luego usarlo en contra.